Relato-Chikara

RELATOS

Chikara | Curiosidad

22 Feb , 2016   Gallery

Chikara le coge de la mano a Eien y tira de ella, levantándola de la butaca del gran salón. Son las 5 de la tarde, es el mejor momento para pasear, ya que enseguida oscurece y en el jardín no hay luces. Eien se resiste un poco, pero al final cede, porque le gusta pasear entre los árboles y acariciar con sus manos los arbustos y plantas que forman ese bosque detrás de la gran casa.

La luz de la tarde acaricia sus rostros a medida que dejan atrás la protección del salón. Chikara ve pasar a Constantin que está haciendo algunos recados, al verlas comprende que van a pasear. No se une a ellas, pero inmediatamente sale al jardín por otra sala. Eien nunca le presta atención, parece que no le agrada su existencia. Pero cumple con su cometido y eso, junto con las demandas de Nanimo es lo que hace que ella no tenga más remedio que aceptar su presencia.

A medida que se adentran en el jardín el resto de habitantes se vuelve a la casa, como si ya fuese la hora de volver, pero bien sabe Chikara que es lo que sucede. Ahora tienen todo el bosque para ellas solas. Mira a su compañera y a pesar de que su mirada se ve perdida en otro mundo, puede observar que sus ojos siguen siendo pozos de oscuridad. Cuando llevan un rato paseando entre matorrales y árboles llegan a un claro. Eien quiere descansar a lo que Chikara saca su cuaderno y su lápiz y comienza a trazar líneas de lo que en poco se convierte en un banco con cojines. Se lo muestra a su acompañante y ésta asiente, así que la niña procede a darle volumen. Arranca la hoja del cuaderno, y guarda sus utensilios. Con la hoja delante de ella la mira fijamente durante unos segundos, luego cierra los ojos y parece concentrarse en algo. Deja la hoja en el suelo y coloca las dos manos sobre ella. Parece pronunciar algo en un susurro que se lleva el viento y el banco empieza tomar volumen saliéndo del papel hasta que tiene un tamaño adecuado para ser usado. Cuando está listo se gira hacia Eien con una sonrisa y la invita a sentarse.

La deja descansar unos minutos que pasan en silencio, escuchando el murmuro del bosque, las hojas de los árboles, los pajarillos que aletean de un lado a otro mientras se cuentan sus cosas, y el rumor de la tierra que parece tener vida propia. Cuando ya está relajada Chikara saca su libreta y le enseña los dibujos que ha estado haciendo, ella los mira casi sin cambiar la expresión, mientras la pequeña le cuenta cosas sobre lo que le está mostrando. En uno de los dibujos se ve el paisaje de una ciudad vista desde arriba, por el tipo de edificaciones apelotonadas y la altura de estos, parece una ciudad asiática, pero eso no es lo que le llama la atención. En uno de los tejados hay una persona, una chica, bastante joven, de pelo largo y liso. Se queda un rato mirando esa imagen, al parecer le dice algo. Por suerte no altera su estado, pero al mirarla a la cara ve que no le gusta mucho. Chikara posa su mano sobre el brazo de ella mientras la mira directamente a la cara y por unos segundos puede sentir el desprecio que siente por ese ser, y los que son como ella. Antes de que ese sentimiento crezca y se convierta en un problema mayor, recoge todos sus dibujos e invita a su compañera a volver a la casa. Pero al mirar el camino de vuelta se percata de que no hay mucha luz y a pesar de que conocen el camino de sobras, es mejor hacer las cosas como los normales. Eso a Eien le gusta. Quizás así se olvide de lo que ha visto. Vuelve a sacar su cuaderno y dibuja un farol, el cual materializa como el banco.
Cuando llegan la cena está lista y Nanimo las recibe como de costumbre. Chikara finge que no le importa, pero la realidad es que está molesta por las ausencias de Nanimo. Siempre está ocupado, siempre está fuera.

La cena resulta tranquila, sin conversaciones interesantes. Pero esa noche la que está distante no es Eien, sino Chikara. En cuanto termina su postre, se levanta del asiento, recoge sus cosas y se dirige al pasillo, pero Nanimo le pregunta porqué tiene tanta prisa. Se para justo delante de la puerta y le dice “tengo cosas que hacer”, y sin demorarse ni un segundo más abandona la sala dejando a Nanimo un poco mosqueado mientras Eien ni se inmuta, sigue paseando los restos del postre con la cucharilla.

Una vez en el pasillo se dirige a la azotea, a la habitación de Constantin, por lo visto ha vivido durante mucho tiempo en azoteas, y es donde mejor se siente, así que Nanimo no se lo pudo negar. Golpea la puerta con la esperanza de que se abra por un descuido y así poder descubrir algo sobre él. Pero no tiene esa suerte. Maldice por lo bajo y una voz a sus espaldas le pregunta qué está haciendo ahí. Se gira sobresaltada, no había nadie y no ha oído nada, y lo que es más curioso… no logra ver el orígen de la voz, pero la reconoce sin dudas, es Constatin. Aún con el susto encima, le dice:
– Quería preguntarte una cosa.- En ese momento siente como una mano enguantada se posa en su hombro y la invita a bajar las escaleras mientras le contesta que está ocupado y no puede recibirla en sus aposentos. Ella, con lo cabezota que es, sin perder tiempo saca el dibujo de la ciudad y se lo pone delante de las narices.
-¿Es cómo tu, verdad?- Se hace un silencio vacío de cualquier tipo de sensación. Suavemente aparta el dibujo y mirando fijamente a la niña le contesta:
– Hay cosas que ni uno mismo puede comprender por muchos siglos que haya vivido. No es nada respetuoso hurgar en el pasado de los demás.

– No era mi intención, solo lo hago por Eien.- le explica mientras guarda sus dibujos con un deje de preocupación y remordimiento.

Constantin no cambia la expresión, sigue serio, parece que no le ha gustado recordad su pasado. Aún así le da unas palabras amables y tranquilizadoras.
– No debes preocuparte por eso, aquí está a salvo. Forma parte de mi cometido, aunque a ella no le agrade mi presencia.- Al ver que la mira afligida porque es consciente de lo que pasa añade:

– No me importa, estoy acostumbrado. Será mejor que vuelvas a tu vida.

Chikara se dispone a bajar las escaleras, pero antes de irse se gira para darle las gracias por todo pero ya no está, o no puede verle. Resopla y sigue su camino hablando para sí misma y haciendo gestos como si a su lado estuviera su compañero de conversación.

, , , , ,

By  -    



Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: