RELATOS

Eien I

21 Oct , 2015  

El desayuno

Cada mañana al abrir los ojos me encuentro con la misma imagen de la habitación. Una tenue luz entra por la ventana. Sobre la cómoda está la ropa doblada, limpia, fresca del día, cómo el desayuno que me espera en la terraza.

Cuando se acostumbra la vista y empiezan a dibujarse los contornos de los objetos que me rodean, me incorporo, me siento en el borde de la cama, y durante unos segundos disfruto del frío contacto de mis pies contra el suelo. Miro los dedos, los muevo, parecen pequeños gusanos que me saludan desde abajo dándome los buenos días. Fijo la vista en la ropa de hoy, un pantalón y una blusa… No me apetece esa ropa, hoy quiero algo más ligero, más agradable, acorde con el día. Me dirijo al armario, al abrir las dos puertas se despliega ante mi un abanico de posibilidades, pero de entre todas esas prendas mi vista se centra en la sección de azul. Al girar la cabeza veo el reflejo de una mujer de mi estatura, con un corte de pelo poco común, la parte de atrás deja el cuello al descubierto mientras que la delantera le cae sobre los hombros. Tiene el rostro enmarcado por un flequillo perfectamente cortado en horizontal, pero lo que más me llama la atención es el color tan poco humano, su cabello es azul. La miro y me devuelve esa profunda y oscura mirada.

Vuelvo a centrar la atención en la sección azul, estiro el brazo y mi mano hace la elección. Un vestido sencillo, hasta las rodillas. El contraste del azul oscuro con mi piel me produce un escalofrío que recorre toda la espalda. Es una sensación agradable. Creo que con ese pensamiento logro esbozar la primera sonrisa del día. Me calzo unas sandalias de tiras negras que estilizan aún más mis piernas. Así parezco una de esas modelos de las revistas. Miro el espejo del tocador, no hay suficiente luz. Abro las cortinas y dejo que la luz del sol bañe ese espacio vacío de vida. Mientras el sol calienta mi piel haciéndole una presentación de la jornada que me aguarda, me cepillo el pelo, comprobando que es el mismo corte y color que ví hace unos minutos. Antes de salir me pongo el brazalete que me regaló Nanimo.

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Al salir al pasillo miro a ambos lados, no hay nadie. No recuerdo haber visto nunca a nadie en esos pasillos, pero se que hay alguien, alguien que se ocupa de limpiar mi habitación, de hacer la cama, alguien que cuando no puedo verlo aparece de la nada.

Posando la mano en el pasamanos de madera sigo la sinuosa curva, bajando lentamente como saboreando cada segundo de contacto de los tacones contra la piedra y el roce de la madera con las yema de los dedos. Pero todo llega a su final, y la escalera se acaba y mi mano queda desamparada colgada de nuevo.

La luz que entra por la puerta del patio refleja en el suelo y me ciega por unos instantes. En el marco de la puerta se dibuja una silueta, a medida que la vista se acostumbra a la luz se van definiendo los rasgos de Nanimo. Me esta esperando, siempre tan elegante. Extiende su mano hacia mi, le doy la mía y salimos en silencio al exterior. En la mesa hay tres vasos llenos, uno de leche y dos con zumo de naranja, en el centro hay un plato enorme lleno de croissants para todos los gustos. Nos sentamos cada uno en nuestro sitio, delante de la naranjada. Nanimo llama la atención de Chikara, que está tumbada en el suelo sobre su block de dibujo y hablando con su peluche, se levanta y deja a su peludo amigo de guardián. “Hola Eien. ¿Cómo estás hoy?” Chikara me mira con una sonrisa en la cara, parece que se alegra de verme y eso me reconforta. Le hago saber que estoy bien y le devuelvo la sonrisa. A veces es muy tierna, pero otras es como una vieja amargada, es en esos momentos cuando recuerdo que es la mayor de los tres.

Todo parece ser perfecto, todo está tranquilo. No es habitual que nos dejen desayunar a los tres tranquilamente. Me empiezo a sentir inquieta y eso queda reflejado en mi entorno, la luz empieza a menguar. Miro al cielo y veo que han aparecido nubes grises que absorben la cálida luz y dejan un ambiente frío en mi piel. Nanimo me está mirando “¿Te preocupa algo?”. “Sí. Esperas a alguien, verdad?”. Parece dudar por unos segundos, pero enseguida se da cuenta a que me refiero. “Si, pero ya he dado órdenes de que no nos interrumpan. Sé lo que te molesta y hago todo lo posible para que no se vuelva a repetir. Este es nuestro momento. Te lo prometo.”

Siempre tan educado. Consigue que me tranquilice un poco y las nubes se empiezan a retirar poco a poco como mi tranquilidad vuelve a ocupar mi cuerpo.

Efectivamente pasamos el desayuno sin interrupciones, charlando de cosas banales, sobre todo Chikara, le encanta inventarse cosas. Tiene la cabeza llena de pájaros. A veces no entiendo como podemos conectar tan bien siendo tan diferentes. Y Nanimo incansable, intenta darle sentido a las locuras de esa niña vieja. A veces no entiendo nada de lo que me rodea, de porqué existo y qué hago aquí. Pero la marca en sus caras siempre me lo recuerda. Y lo que es peor, yo también tengo esa horrible marca en mi cara, ensuciando mi belleza.

Cuando acaba el desayuno me retiro al mirador a observar el mundo en mi soledad. Aunque Chikara se convierte en mi sombra. Siempre vigilandome allá donde vaya y haga lo que haga.

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