RELATOS

No me dejes sola 2ª parte

10 Jul , 2015  

 SEGUNDA ENTREGA | Takushin

 

Se oye una voz que pasa de un susurro a un volumen normal :

-Takushin… Takushin… -levanta la cabeza y ve frente a él ve una dulce mirada que esconde una gran tristeza en el fondo.- Yo no quería que esto pasara… No quería acabar así.

Es una historia triste la que me has contado y aun así sigues sonriendo.- Silencio- Es un vestido muy bonito.

 

-Gracias, me lo regalo él… Vamos a dar una vuelta.

– No podemos salir, estamos atrapados. En esta bonita casa que tienes.. sin puertas porque no las necesitamos…no somos como los demás. ¿No te has dado cuenta?

-No entiendo lo que dices, yo he salido muchas veces y he ido a parques a …

– Conmigo.

– Nunca he ido contigo, te acabo de conocer. – empieza a estar un poco confundida, no entiende esta conversación.

– Porque antes no era como me ves. Ha pasado algo que no tendría que haber sido así. – Se echa las manos a la cara e intenta llorar, pero no salen lágrimas.

 

Se oye un ruido en el exterior, y se asoma una persona que los mira de arriba a abajo. Michiru no la conoce, parece agradable, pero no hay nadie más. Él sigue sin aparecer….

 

-Veo que ya os habéis presentado – sonríe- Bueno os dejare solitos para que le cuentes tu gran idea Taku. jajajaja… -se marcha riéndose de su comentario.

 

Michiru mira a Takushin que sigue sentado en la silla. Ella se pone de rodillas delante de el y le pide que le cuente esa idea.

 

– Por favor, perdóname… Yo solo quería que fueras como yo, humana, y al final he acabado siendo un muñeco.- Michiru le mira con asombro, no puede articular palabra.- Quería darte la libertad, sacarte de ésta caja y llevarte a más sitios…

 

Ella empieza a comprender todo, a asimilar que es lo que ha pasado y quienes son. Hasta el momento había vivido evitando su verdad, que era una muñeca. Pero por evitar esta verdad, alguien importante para ella había perdido su libertad para dársela a ella. Y ahora estaban los dos en el mismo punto de partida.

 

– Taku, lo siento- el pelo de Michiru cae sobre las rodillas de Taku que aparta las manos como si de algo intocable se tratara. – Lo siento, lo siento, perdóname Taku.

– levanta despacio la cabeza porque una de las manos de Takushin la ayuda desde la barbilla, hasta que se miran el uno al otro.

 

– No es culpa tuya… yo – por unos segundos aparta la mirada, pero vuelve a mirar a Michiru.- Quería pasar el resto de mi vida a tu lado. Mostrarte mi mundo, que fueras como yo, libre de poder andar por donde te apeteciera, que pudieras salir sola si te apetecía.. pero no he podido darte ese regalo. Quien ha de perdonar eres tu a mi.

 

Un sentimiento de pena y angustia les envuelve. Se sienten condenados a vivir con un estilo de vida que no se corresponde al de sus deseos, sus almas han conocido y vivido la libertad y ahora están encerrados en unos cuerpos que no les permiten ni salir de una caja de cartón.

El silencio se hace entre los dos, como si éste fuese provocado por las cuatro paredes que les envuelven. De repente se oye una puerta más allá de la caja, y la voz de antes.

– Hola parejita. – se asoma por arriba – espero que seáis muy amiguitos, porque vais a tener que compartir este espacio. Ahora yo seré vuestra dueña, así que os vestiré como a mi me gusta. De echo ya tengo algunos modelos empezados, os haré toda la ropa yo misma, y los vestidos que no me gusten se los daré a Maika, que seguro que le encantan. A ver…- coge el armario de Michiru y lo saca de la habitación/caja; empieza a sacarlos uno por uno y ha hacer selección. Luego deja el armario de nuevo en su sitio. Michiru siente como un nudo en el estómago, sus vestidos, los vestidos que le regaló su amigo, Taku… se los está quitando y no puede hacer nada… tristeza, impotencia… Mientras en la caja el ambiente es sombrío y pesado, fuera esa chica iba tarareando una canción mientras metía en una caja los vestidos que le había cogido del armario. Luego salí de la habitación dejándolos solos de nuevo.

 

Michiru corrió al armario, solo había dejado cuatro vestidos, cuatro. Se derrumbó ante ese panorama y con lo que se les venía encima.

 

Pasaron semanas, ambos estaban tristes y sin ganas de nada. Michiru nunca se había sentido tan muñeca como entonces, haciendo de maniquí para esa chica, que no conocía, ni sabía su nombre. Le ponía trapos encima, le daba vueltas y más vueltas y se lo quitaba de nuevo. A veces la tenía ahí, sentada al lado de una inmensa máquina que hacía mucho ruido, por donde pasaba esos trapos que le ponía. Pero la dejaba sin ropa mientras se centraba en los trapos. Y cuando acababa de hacerle la pieza de ropa, Michiru no veía la diferencia entre lo primero que le había puesto y el traje acabado. Todos sus modelos consistían en un manojo de trapos cosidos entre sí que se aguantaban un poco por milagro.

 

Un día, recién entrada la tarde, la chica se despidió, había quedado con unas amigas y nos dejó solos, por fin.

– Menos mal que se ha ido,  no soportaría otro día con trapos incómodos… que se los ponga ella.- Michiru empezó a quitarse lo que llevaba y Toku, se se ruborizó al ver que se estaba desnudando delante de él, se dio la vuelta y le pidió que se tapara. Ella cogió la sábana de la cama y se la ató haciéndose una especie de toga, que realmente le sentaba mejor que los trapos.

 

– Ya está Toku…. tenemos que irnos, tenemos que salir de aquí, no lo aguanto más.

– Pero, ¿dónde quieres ir? y ¿cómo?

– Me da igual pero no quiero quedarme aquí eternamente. Quiero conocer cosas y ser feliz, contigo. Así que… Toku? – Tokushin estaba mirando fijamente detrás de ella, sobre la cama había una luz que parecía crecer en espiral, ensanchándose cada vez más. Ella se giró y al ver eso, retrocedió tropezando de espaldas y cayó a los pies de Toku, ambos estaban paralizados mirando la luz. Dejó de crecer, pero seguía girando, y de su interior se asomó un doll con orejas de gato que les hizo una señal para que lo siguieran. Éstos se miraron extrañados, a los dos les sonaba de algo pero no sabían de qué. Al final Toku se levantó cogió de la mano a Michiru y se dirigió hacia el portal. ella puso resistencia.

 

– ¿Es qué no quieres salir de aquí? ¿Prefieres quedarte sola?

– No. – y le siguió.
Atravesaron la luz, sin saber hacia donde o que habría al otro lado. Ésta desapareció y todo quedó en silencio.

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