Jardin de la alegria

RELATOS

El Jardín del Sauce

2 Ene , 2021  

La calma reina en el Jardín de la Gran casa. Bajo el sauce llorón más antiguo que habita el lugar se resguardan nuestros amigos del consejo en una tarde tranquila y soleada. Corre una suave brisa que hace ondear el sedoso cabello de Eien ocultando sus finos rasgos para que no sean tocados por la luz del sol, en refuerzo a la lujosa y llamativa pamela que luce. Siempre con la mirada perdida en el más allá parece una muñeca de porcelana.

Pero ella es no es la única que parece sumergida en sus pensamientos, Chikara no para de hacer garabatos en su bloc de dibujo, habitualmente está llena de energía, pero en estos momentos parece como ensimismada por el simple hecho de ver como el grafito se esparce sobre el papel, con movimientos lentos va desplazando el lápiz con la esperanza de descubrir el gran secreto que le ocultan el lápiz y el papel.

Mientras tanto Nanimo y Soul Eater o Soule como le llaman ellos, están concentrados en una partida de ajedrez, bueno, un juego aparentemente similar al ajedrez, solo que este tiene sus propias reglas y no es apto para humanos.

A lo lejos detrás de un muro de arbustos se despliega un campo de plantas y flores, allí hay algunos de los seres que habitan en la gran casa, algunos más útiles que otros, pero al fin y al cabo son de la familia. Los más pequeños se distraían jugando al escondite pilla-pilla en campo de plantas “altas”, el resto daba paseos, miraba el paisaje o simplemente disfrutaban del tiempo.

En la Gran casa todo solía ser tranquilo y reinaba el orden. Hasta que algo pasaba en la Tierra, o cuando alguno de los trastos armaba follón por disputas absurdas o… cuando uno de ellos decidía probar sus experimentos.

 

Sauce

 

Volviendo bajo el gran sauce, Eien hace un atisbo de volver, pero sigue con la mirada perdida, se levanta muy despacio, como observando el movimiento de su cabello que resbala de los hombros hacia adelante,  empujándose unos a otros, hoy es color negro y liso, al estilo asiático. Y sus vestimentas van a juego con su look, el kimono de seda es rojo con un estampado de flores. La imagen de esta criatura en ese paisaje es hipnotizante incluso para sus compañeros de toda la vida. Cuando se incorpora saluda a sus acompañantes:

     – Si no es molestia me retiraré, necesito soledad y silencio.

     – Pero si no estamos hablando…. – protesta Chikara que se la queda mirando un poco molesta.

     – Chikara, un poco más de respeto por tu hermana. – Nanimo hace callar a la pequeña antes de que meta la pata.

Soule se levanta con su parsimonia característica mirando a Chikara en el acto, luego mira a Nanimo y dice:

     – Aprovecharé para retirarme yo también, tengo unos asuntos pendientes, jijiji…. -girándose hacia Eien– Te acompañaré hacia dentro.

 

A Eien le cambia la cara, parece sorprendida, asustada… no se podría definir con una sola palabra, es un gesto muy sutil pero que consigue alarmar a Nanimo.

     – No te preocupes Eien, Soule no hará nada de lo que pueda arrepentirse, verdad? -dice inclinando ligeramente la cabeza hacia Soule.

     – Que poca confianza…. ni que fuera a hacer una trastada como un crío… ejem.. estaba pensando en mis cosas, mis encargos. Todo estará bien.- no puede evitar frotarse las manos cuando está maquinando, inspirándose, o como lo llame cada uno, es un tic que no puede evitar, y Nanimo lo sabe muy bien.

Nanimo se acerca a Eien y le coge las manos muy suavemente, tiene un aspecto tan delicado que da miedo hasta mirarla por si se rompe, pero él sabe que no se romperá tan fácilmente, la mira a los ojos, esos ojos negros y profundos como pozos sin final y besa las dos manos posando sus labios sobre esa suave piel de melocotón.

     – No te preocupes, retirate pero recuerda, si necesitas apoyo…

     – …toca el cascabel.- Eien le da un beso en la mejilla y comienza su camino hacia el interior de la casa seguida de Soule.

Nanimo vuelve a sentarse en su butaca y entra en sus pensamientos olvidándose de su alrededor. Mientras la pequeña del grupo sigue deslizando el lápiz por el block, observando a Nanimo. De repente para, el sonido se detiene y le hace volver al jardín.

     – Empezaba a pensar que te estabas convirtiendo, como ella… jejeje.

     – ¿Cuantas veces te dicho que dejes tranquila a tu hermana? ¿Tengo que recordarte lo que pasó la última vez, cuando estuviste a punto de desaparecer?-

       Nanimo estaba muy enfadado con Chikara. El silencio de ésta fue respuesta suficiente.

Pasados dos minutos de silencio por parte de los dos, la niña dejó el block y el lápiz a un lado, se bajó de la butaca, los recogió de nuevo y se marchó. Y allí se quedó Nanimo recostado en su butaca viendo como la luz iba apagándose en el cielo muy lentamente, mientras el aire cambiaba de la temperatura agradable de la tarde a la húmeda y fría de la noche.

Ya era totalmente oscuro, no se oía nada en el Jardín, en la casa se podía ver muchas ventanas iluminadas, y sombras que pasaban por delante de estas, unas muy rápidas, otras más despacio. Pero por el jardín a esas horas no había nadie a excepción de un farol que se  abría paso hasta dónde estaba Nanimo, sentado bajo el Sauce.
Cualquiera que hubiese visto al portador del farol habría salido corriendo en sentido contrario, no por ser deforme, sino por todo lo contrario. Constantin era el mayordomo de la Gran Casa, durante una larga época había llevado un hotel en Londres, actualmente se encargaba de los asuntos que le encomendaba el Clan, más concretamente el Señor N, como lo llamaba él. Su particularidad… ser un vampiro. Apareció entre los arbustos iluminando el tablero y las butacas vacías.

     – Sr. N, debería entrar, la cena está lista y empieza ha refrescar, no sería conveniente para nadie que se enfermara.

     – Si tienes razón, pero preferiría cenar solo.

     – En ese caso le llevaré la cena a sus aposentos.

     – ¿Algún día dejarás de hablar tan formalmente Constantin?

     – No se enfade Sr. N, pero no lo creo.

     – Jajaja… Constantin… deduzco que tampoco dejará de llamarme Señor.

     – Deduce usted bien, Señor.

Nanimo llegó algo más animado a la casa, dejando bajo el sauce sus pensamientos cargados de pesar.

separación

Twitter logo Instragram logo ArtStation-logo-vertical-dark

, , , , ,

By  -        


Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: